Una lesbiana entre sueños: Una lectura de la obra Pam Berry de Rae del Cerro

    Por Cherie Quidel Núñez



    Palabras que crean mundos, el subtítulo de la vigésima Muestra Nacional de Dramaturgia nos proclama la representación de nuevos escenarios a través del lenguaje, uno de ellos nos plantea realidades en las que mujeres y/o disidencias participan en la manifestación de una experiencia común. Me refiero específicamente a Pam Berry, la obra escrita por Rae del Cerro bajo el seudónimo de Chinoska, con cuatro funciones agotadas y un éxito concebido en conjunto con la directora Ana Luz Ormazabal, tenemos en nuestro registro cultural una creación que aborda la experimentación de la sexualidad lésbica desde un mundo onírico, fantasmagórico y paranormal, el cual une la ironía con detalles clásicos del drama en un viaje profundo de descubrimiento identitario. La gran carga de personajes mujeres que transitan entre su feminidad y masculinidad, nos otorga una estructura escritural única en la que los símbolos se mezclan con lo performativo del género y de la sexualidad. 

Centrándonos en Rae del Cerro, su trayectoría artística nos muestra una hibridez en la que su prosa se ve influenciada por la música y su vida, siendo integrante de la banda punk rock Horregias se nos manifiesta un discurso lésbico y marginal que va de la mano con su obra Pam Berry. Formada en la dramaturgia por Flavia y Juan Radrigán, se vislumbran elementos heredados que transforma en propios desde su realidad disidente, el protagonismo de personajes anti hegemónicos que se desarrollan en espacios populares es parte de esta línea de creación cultural que no solo convoca a la dramaturgia, sino que también a su poesía, sus cuentos y sus fanzines. 

Me acojo de sus palabras, aquellas compartidas en la última reunión del Taller Diálogos en movimiento realizado en la Biblioteca de Santiago, cuando menciona que no escribe de realidades que no son la propia, puesto que desconoce de un mundo adverso a su experiencia como mujer lesbiana marginal. Aquello, nos plantea una literatura chilena actual, basada parcialmente en la autoficción, donde grupos sociales segregados protagonizan, en conjunto con sus autoras y autores, realidades que importa plasmar en nuestra historia.

Volviendo a la obra, esta se desarrolla entre sueños y lucidez, lo que nos brinda una lectura ambigua, y por tanto variable a la interpretación. Dentro de dicha lectura, transitamos espacios como un circo en un descampado, una casa siniestra a medio construir y el patio de un convento de monjas en Futrono. En estos escenarios, Pam Berry realiza su viaje buscando a una bruja que la ayude a encontrar a Sor Marina, una mujer con la que ha soñado desde que es niña. Desde allí, se relaciona la pérdida de la figura materna con la imagen de una infancia solitaria, la cual se refugia en un plano inexplicable donde la represión social de la manifestación del género y la sexualidad provoca un tránsito a la adultez sumergido en los sueños. Es así, cómo la corporalidad de las personajes en conjunto con los variados símbolos construyen una historia de exploración personal, en la que el lesbianismo es el centro de una subjetividad fragmentada e influenciada por un contexto prejuicioso, coaccionado e incluso violento, que orilla a la protagonista en una desesperación por encontrar a aquella que significa una igual.

Quiero detenerme en la forma escritural que nos ofrece Rae, con el fin de analizar el uso de lo irónico, lo absurdo y lo ambiguo desde una perspectiva social que aborda a la comunidad, en específico a las lesbianas, en una perspectiva antagónica. Con esto me refiero, a que las personajes conforman distintos discursos, dentro de la vivencia lésbica, que se contradicen en la medida en la que representan una realidad particular. Y es que, la importancia de abordar las distintas facetas de la aceptación de la sexualidad tiene relación con este viaje identitario, ya que no solo hay un reconocimiento lésbico dentro de la obra, sino que también se experimenta la masculinidad desde la mujer y lo que ello significa en la sociedad. 

Cuando tenemos de referencia términos como las mujeres ahombradas o una lesbiana musculosa, nos enfrentamos a la encarnación de un estereotipo que pesa dentro de la experiencia lésbica, puesto que la carga simbólica de la expresión de género desvirtualiza a la mujer que no vive dentro de los parámetros heterocis. En este sentido, el lesbodio que se presenta en la obra se desarrolla desde personajes dominadas por este discurso histórico, provocando así la manifestación de cuerpos contradictorios cargados de un deseo exuberante y una aberración por la imagen del mismo. No es coincidencia, entonces, que el personaje de Manzanita exprese de forma discordante sus deseos sexuales hacia las mujeres, por más que esté casada con un hombre violento. De la misma forma, Pam Berry vive situaciones en las que su corporalidad es vulnerada bajo modelos de un sistema sexo/género, el cual la despoja de su identidad como mujer al atribuirle el ser hombre por roles que se dictaminan desde los físico y la expresión de la personalidad.

De este modo, abordamos la libertad como un concepto central que nos dirige al desenlace de la obra y el reencuentro de Pam Berry consigo misma, y es que uno de los detalles más importantes del resumen argumental es lo que significa ser libre para una persona disidente (sexual y de género) que se ve enfrentada a un contexto represivo. Desde allí, volvemos al subtítulo de la vigésima Muestra Nacional de Dramaturgia, Palabras que crean mundos, esta obra compone una autonomía que se extrapola a una experiencia colectiva en la que personas de la comunidad, en específico mujeres lesbianas, pueden verse representadas en esta exploración personal, que no solo aborda la sexualidad sino que también la expresión de la misma en conjunto con el amor y cómo éste se desarrolla desde la aceptación. 

Así, la construcción de este mundo a través del lenguaje, tanto escrito como verbal, implanta y expande el protagonismo disidente en nuestra cultura chilena y latinoamericana. La importancia de dejar una huella de la experiencia lésbica, desde sus matices más simples como el deseo inocente de la compañía femenina hasta la homofobia encarnada desde la dominación sistemática, es generar y abrir espacios que manifiestan la existencia de una identidad subalterna latente, la cual hoy más que nunca necesita revelarse y evidenciar que nuestra sociedad está compuesta de una variedad de sexualidades, de géneros y de formas de vida que son primordiales.

Pam Berry, desde sus metáforas y simbolismos nos conduce en un viaje personal que se conecta con la infancia, la adolescencia y la adultez de una mujer no normativa, que vive en sueños porque en ellos puede encontrar la libertad que en vida se le restringe. Es una lesbiana visible, que cuestiona su contexto y busca más allá del plano terrenal a la mujer que representa la existencia comunitaria que muchas veces puede verse segregada ante los patrones sistemáticos que nos dominan. Su puesta en escena, la cual tuvo gran acogida de público, se mimetiza con la escritura poética y casi musicalizada que Rae emplea para construir sus didascalias, haciendo que esta doble textualidad expresada desde la hoja hasta el cuerpo conecte ambos tipos de creaciones culturales en una performance colorida, entretenida y sumamente sensible a los detalles.

A modo de conclusión, esta obra genera un registro de realidades en nuestro campo cultural chileno, la relevancia de ello cae en autentificar existencias que han sido ignoradas, o percibidas desde la indiferencia, en una literatura canónica que solo acoge a la norma. Para leer o ver Pam Berry, se necesita salir de los discursos hegemónicos que nos encierran en la imposición del género y la sexualidad, hay que ser conscientes que la obra es una huella de lesbianas que viven y cuestionan un sistema opuesto a sus realidades, por lo que manifiestan una marginalidad explícita que no puede ser leída, para su comprensión, desde una posición hermética y estigmatizante. Por último, manifiesto mi grata experiencia en el taller y en la lectura que, como mujer disidente, me recibió en un espacio abierto a la discusión interpretativa donde pude cultivar mi análisis en torno a un mundo literario único y asombroso.


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